No tuvimos mucho tiempo de visitar Amberes, más que por la noche, por eso las fotos son un poco pobres. Sin embargo, pudimos comprobar la amabilidad de sus gentes y el auténtico espíritu flamenco -por cierto, se llevan bastante mal con la parte francófona de Bélgica-.
A destacar su catedral, inmensa e impresionante y el ambiente de los sábados (el resto de días pareciese que nadie vive allí).





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